entrevistas
PRUDENCIO IRAZABAL
Prudencio Irazabal (1954, Puentelarrá, Álava) inauguró el pasado día 8 de mayo de 2025 su cuarta exposición en la galería Artnueve de Murcia bajo el título ‘Todos los negros del color’ y comisariada por Mariano Mayer. Con motivo de la exposición, la mañana previa a la inauguración pude conversar con él sobre su obra y su nuevo proyecto.
ENTREVISTA
ENTREVISTA PRUDENCIO IRAZABAL
CULTURA DEL ARTE / 2025
Rodrigo Carreño: Desde tus inicios, tu trabajo se puede etiquetar dentro de la abstracción. Colores que se diluyen en el espacio y generan efectos de luz. Son casi paisajes pictóricos. Partiendo de esa abstracción, ¿te interesa esa reducción de las formas dando énfasis únicamente al color?
Prudencio Irazabal: El color no es el objetivo, es la luz. ¿Qué tienes para hacer luz? el color. La luz es el objetivo. El color funciona o no funciona, es una herramienta, son las palabras con las que construyes las frases. El color es una cuestión léxica. El color es un lenguaje emocional.
R.C: Como comentas, la luz es realmente lo importante en tu obra. En una entrevista anterior a esta comentaste la diferencia que existe entre color-luz y color-pigmento ¿Cómo afecta a tus obras la luz, un elemento que no puedes trabajar de forma directa y que varía tanto según el lugar, momento del día, si es artificial o natural…?
P.I: No existe una forma ideal de ver el color, pero si hay alguna es la luz natural. Es la luz con la que yo siempre cuento y son las condiciones ideales. En la exposición que hice en el MUSAC el primer día que exploré el espacio me di cuenta que las ventanas estaban cerradas, tuve que pedir que las abrieran porque quería la luz natural sobre la obra.
R.C: La galería tiene las luces apagadas… solo hay luz natural. ¿Siempre buscas la ausencia de luz artificial?
P.I: Si, si es posible sí, pero no siempre lo es. Incluso en el MUSAC se puede forzar porque los ábsides que tiene al final de las naves, donde debe estar el retablo, si abres la persiana tienes un foco de luz. Yo coloqué las piezas sucesivamente en fila hacia arriba. Y esta galería tiene algo fantástico que es la luz. Pero aún así, no hay condiciones ideales porque incluso en el mejor de los casos, el color es una ficción. Siempre es cambiante.
R.C: Tu trabajo se caracteriza por la luz y lo haces a través de una amplia gama cromática en la que impregnas el lienzo con varias capas de color. ¿Cómo es tu proceso creativo de jugar con la luz a través del color? ¿cuándo das por finalizada una obra, hay un límite de capas?
P.I: Es crear luz. Yo siempre, hasta hace poco, he trabajado con la imprimación blanca y bien pensado es la forma más dificultosa de crear luz porque ya tienes la máxima expresión y solo te queda recortar y filtrar la luz. La luz se crea en pintura a base de ir creando velos y manipulando. Pero en estas últimas obras he utilizado soporte más oscuro. El proceso parte del color inicial para ir dejándolo atrás. Es una estratificación, es una forma de interpretar la forma de manifestarse y de obtener conocimiento a través de la estratificación. Es un proceso casi etimológico, de analizar qué ocurre. No es una estratificación que ocurre objetivamente como pasa en la biología o la medicina, sino que cuando yo estratifico nada queda oculto y no destruyo nada. Y sobre la idea de no destruir si el espectador presta atención puede ver esos colores y esa estratificación porque no hay nada oculto. Y es curiosos como, cuando los cuadros los iniciaba con la imprimación blanca y eran más luminosos, me detenía antes porque llegaba antes a una luz mientras que ahora con esa imprimación más oscura tengo que aumentar la densidad de color.
R.C: ¿Inicias cada obra con un color y a partir de ahí vas viendo cómo evoluciona la obra o desde un inicio ya sabes que colores vas a usar?
P.I: Cuando llevas mucho tiempo trabajando vas buscando agarrarte a nuevos estímulos y nuevos colores. Parece que para hablar de la luz hay que trabajar con la transparencia del blanco pero realmente puedes hacerlo a la inversa. Trabajar con el negro no lo había hecho jamás, parece un contrtasentido trabajar sobre la luz utilizando el negro. Y de hecho no he usado el pigmento negro con estos trabajos que arrancan a comienzos de los noventa nunca. Y apenas había utilizado el blanco ya que cuando mezclas el aglutinante con el pigmento si mezclas muy poco aglutinante el color es muy translúcido y cuanto más pigmento añades más oscuro se va haciendo. En mis procesos, al comienzo del trabajo, voy utilizando colores más translúcidos y poco a poco se van saturando. Pero si quieres aclarar un color no lo aclaras a base de añadir blanco, porque el pigmento opaca y en mi proceso yo no quiero opacar porque quiero que sea visible la penetración de la luz. Por eso el
blanco lo he utilizado en muy pocos casos y el negro nunca. Sin embargo he visto en estas nuevas series que el negro si es una posibilidad. Arranca a través de la exposición del MUSAC que fue una exposición muy cromática. Por eso, después de esto pensé en hacer algo que se acercara al lenguaje negro y me he dado cuenta que con el negro es más facil crear color. Me interesa un negro que crea espacio, que crea luz.
R.C: La visualidad es un concepto muy importante en tu obra. En las composiciones la luz se expande a través de la superficie de la obra lo que genera una tensión entre la pintura y lo visual. ¿Hacia dónde va esa intención?
P.I: Sí, se puede ver así como una luz expansiva. Pero si me remito a lo que he comentado antes, es una contracción. Es partir de una máxima luz y oscurecer. Donde hay luz, se va reduciendo. Pero se puede ver desde las dos formas. El asunto es que el producto luz sea el protagonista.
R.C: Tu trabajo se basa en composiciones abstractas que invitan a una contemplación profunda y pausada que resulta contradictoria con a la temporalidad acelerada y rápida que vivimos actualmente. ¿Crees que la forma de entender el tiempo actual afecta a tú trabajo?
P.I: Sí, es ineludible. El tiempo afecta, tienes que tomarte tu tiempo. Uno de los móviles que tiene este trabajo es poner un poco más difícil la percepción. Los cuadros donde uso el negro son obras más lentas que los otros. Es un lenguaje que requiere tiempo. Es mi intención que el cuadro no se acabe y que puedas estar mucho tiempo observando y penetrando en él.
R.C: Esta pausa, también la llevarás al estudio. ¿Trabajas con alguna idea de percepción sobre las obras? ¿Trabajas sobre la pared?
P.I: No, en la pared no. Puedo tener una idea pero trabajo sobre el suelo. En el estudio, cuando coloco las obras, siempre pongo algún cuadro monocromático que sirva de referencia. El vertical es nominativo y una vez que se pone la obra sobre la pared ya es una imagen fija. El horizontal es genitivo y genitivo es generación. Y en horizontal es como realizo las piezas. Pero la orientación no es importante. Realmente todo el proceso es dar vueltas a través de la pieza y echarte sobre el cuadro en diferentes posiciones. Más bien es escuchar y ver cómo van sucediendo las cosas, respetar la integridad de los materiales y saber dialogar con ellos. Es una técnica que yo fui descubriendo muy poco a poco. No trabajo con pinceles, debo esperar tiempo de secado, utilizo una herramienta que es impracticable… una suma de limitaciones que me han llevado a sentirme libre y trabajar con agilidad.
R.C: Trabajas con la Galería Artnueve desde 2011 y esta es la cuarta exposición que realizas en Murcia con la galería. ¿Cómo ha ido evolucionando tú trabajo durante estos años? ¿Presentas en esta exposición un trabajo más elaborado o maduro?
P.I: Hay un cambio que tiene el punto de partida en la exposición del MUSAC. Las obras que hay aquí del periodo anterior, hasta mediados de 2024, se ven distintas por las obras que las acompañan que son de finales de 2024 y 2025. No es un cambio drástico pero sí es una escisión. El negro me ha abierto posibilidades y ha renovado mi interés en mis propios recursos de la pintura. Uno, si quiere mantener su interés cada día, tiene que buscar nuevos objetivos. Yo estoy contento de poder exponer las obras anteriores en relación con las nuevas y puedan dialogar.