entrevistas
LUIS PALMERO
Luis Palmero (1957, San Cristóbal de la Laguna, Tenerife) inauguró el pasado día 20 de junio de 2024 su primera exposición individual en Murcia en la galería Art Nueve bajo el título `Un umbral que vibra´. La mañana previa a la inauguración pude conversar con él sobre su obra y su proyecto.
ENTREVISTA
ENTREVISTA LUIS PALMERO
CULTURA DEL ARTE / 2024
Rodrigo Carreño: En primer lugar, me gustaría hablar de tu obra desde un punto de teórico. Es cierto que muchos críticos relacionan tu obra con el minimalismo. ¿Hasta qué punto sientes que tu obra se acerca a este estilo o te ves identificado con él?
Luis Palmero: Sí, sí. Realmente en la obra hay una tendencia hacia el minimalismo. Juan Manuel Bonet, en un momento determinado, ese minimalismo de mi obra lo llegó a denominar cómo minimalismo dulce en el sentido de que no se aproxima de una manera ortodoxa al minimalismo, sino que era una especie de tangencialidad donde se aproxima al minimalismo, pero a la vez se desvía. Y es verdad porque cuando mis cuadros se acercan demasiado a ese minimalismo la tendencia mía es dar un viraje, huir. Está claro que hay una reducción de forma, de color y de despojar todo lo máximo que se pueda.
R.C: Tu trabajo se encuadra dentro de la pintura. Como proceso creativo, ¿qué es lo que más te interesa de esta disciplina?
L.P: Yo siempre me he centrado en toda mi trayectoria como pintor. Desde siempre he planteado la pintura como un camino de recorrido, no como un camino recto. Mi obra va abriéndose hacia otras vías, otras series… Entonces en el mismo tiempo comulgan series que tienen cierta distancia unas de otras, pero a la vez confluyen. En ese sentido siempre me ha interesado seguir diferentes vías de la pintura. Es como una especie de exploración a ver hasta dónde llega la obra y cuando la obra llega un momento en que yo noto que no se puede seguir abriendo la cierro y abro otra serie. Y así se han ido sucediendo a lo largo de mi trayectoria series que han ido configurando el conjunto de mi trabajo.
R.C: Tu obra se caracteriza por las formas geométricas, la repetición y el color. Presentas una reflexión en torno a la relación de estos aspectos, explorando todas las posibilidades de la pintura llegando en algunas obras a una pintura casi escultórica. ¿Hasta qué punto buscas esa exploración de los límites de la pintura?
L.P: La idea de lo plano ha estado siempre también presente en mi obra en el sentido de intentar romper el plano del cuadro. Siempre he ido incorporando elementos a la obra, a veces son claramente en relieve como esas piezas que voy incorporando o en una época fueron unas pinceladas de mucha pasta. Me acuerdo una vez que hice una exposición en Madrid y un crítico llegó a decir que era demasiada pasta. Pero a mí me interesaba no solo el brochazo sino el relieve, incluso en esa serie llegé a asociar los colores y las manchas con sabores de helado; de hecho, la serie se llamaba Sabores. En estos momentos estoy incorporando papeles a los lienzos, hay alguna pieza en esta exposición que lo refleja. Se incorpora el papel que sustituye a la masa de color y las piezas superpuestas, son como capas.
R.C: Se trata de una pintura donde el color es el protagonista a simple vista, pero realmente el proceso de creación es muy relevante en tu obra. Cuétanos más sobre tú proceso creativo y como abordas cada una de las piezas.
L.P: Muy pocas veces he partido de un vacío. Realmente primero empiezo a tener ideas, luego las plasmo en papel para hacer una aproximación de color y finalmente empiezo con la obra con la idea bastante aproximada de lo que quiero hacer. En muchas ocasiones cambia y ese hallazgo de azar también lo incorporo. Recuerdo una vez que estaba pintando unas obras grandes con planos de color y se derramó un cacharro de pintura grande en el cuadro y por momentos me quedé dudando que hacer con aquello y al final decidí dejarlo. Lo incorporé a la obra, ese hallazgo me interesa para incorporarlo a la obra.
R.C: A pesar de la geometría evidente, tus obras generan diferentes efectos. Juegas con la superposición de las formas para crear texturas y diferentes planos. En ocasiones todo fluye y se observa atracción y en otras, hay cierto rechazo.
L.P: Hay un catedrático de Tenerife, ha escrito bastante sobre mí, y él decía que le interesaba mucho en mi obra el quiebro, es decir, cuando ponía un plano en muchas ocasiones lo desencajaba. Ese desencaje en algunas obras para mí es fundamental, no tiene porqué ser todo estricto. Ese pequeño gesto es fundamental.
R.C: ¿Qué te interesa del color, sea la ausencia del color o la presencia?
L.P: El hilo conductor de toda mi obra siempre ha sido el color, el color puro. Hay una línea que es despojarse del color, como comentas. Pero si te fijas bien, esos cuadros blancos nunca son blancos, siempre hay un quiebro o un detalle. En esas obras donde aparecen esos pequeños fragmentos de color es el quiebro que te digo. Realmente la obra siempre trata de esquivar, cuando llega a algo demasiado evidente trata de salirse.
R.C: Con los años has ido evolucionando en tu trabajo investigando en torno a las diferentes posibilidades de la pintura. En los inicios realizabas una pintura más matérica incluso más gestual. Ahora, tu pintura es mucho más precisa y limpia. ¿Cómo entiendes esta evolución y hacia donde crees que te lleva?
L.P: Mi obra en estos 40 años siempre ha tenido dos o tres elementos comunes. Uno de ellos es, sin lugar a duda, el color, como hemos comentado, el despojamiento y la forma geométrica. En torno a eso ha pivotado todo. La obra puede ir más hacia unos elementos más abstractos o indefinidos y a veces a unas referencias figurativas. De hecho, hay muchos cuadros míos que tú los ves y aparentemente parecen abstracciones, pero hay una pequeña trampa de referencias figurativas. Ese punto intermedio, ese equilibrio entre una cosa y otra, siempre me ha interesado. Incluso la posibilidad de que haya gente que lo ve más abstracto y gente que lo ve más figurativo. Siempre me ha interesado. De hecho, vengo de una exposición en Tenerife donde la gente ha visto en las obras volcanes y otras cosas. Es un juego de escamoteo donde puedes ver una cosa o puedes ver otra.
R.C: Dentro de tu obra no solo tienes pintura, sino que también hay trabajos instalativos. En estos trabajos, ¿buscas abandonar la pintura y su bidimensionalidad o, por el contrario, acercarte a ella a través de otros medios o fórmulas para expandir las posibilidades de la pintura?
L.P: Más bien va por eso último, trabajar con otros materiales para intentar proyectar la pintura hacia otros elementos. El aspecto instalativo lo llevo realizando desde hace muchos años. La primera vez que lo hice fue en Manuel Ojeda en Gran canaria, en Elvira González también lo he hecho y en Artizar también he hecho otra. Hice una en Tenerife en un espacio muy grande, un antiguo mercado vacío, y en el centro pusimos una especie de escultura pintada. El comisario me decía que eso era una pintura. Al final es la idea de expandir la pintura, buscar diferentes materiales, pintar las paredes… Siempre lo he tenido en cuenta, es de nuevo la idea de buscar los contrastes y los equilibrios.
R.C: Para finalizar, me gustaría que me comentaras un poco la exposición que presentas hoy en Artnueve. Se puede ver obras de los últimos 20 años ¿Qué trabajo podemos ver?
L.P: Esta exposición surge de un encuentro que tuvimos en la feria de Santander. En esta feria estaba Artnueve muy próxima a la galería donde yo estaba, Manuel Ojeda. Ahí se produjo el primer encuentro y tras varios años la cosa fraguó en esta exposición donde se reflejan veinte años de trabajo. Es muy interesante la propuesta que ha hecho Mariángeles, porque es unir obras de diferentes años e intentar entrelazarlas unas con otras. Es algo parecido a una exposición retrospectiva que se hizo en el TEA de Tenerife y lo que hizo el comisario fue exponer todo mi trabajo a lo largo de cuarenta años a ver qué pasaba. Era interesante ver como la obra se entrelazaba una con otra, no había ninguna que fuera un cuerpo separado. Esta exposición es algo parecido, en pequeño.