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ALBERTO PERAL
Con motivo de la exposición “Calambur” en la galería Artnueve de Murcia, tuve el placer de entrevistar a Alberto Peral (Santurce, 1966). Un artista con una gran evolución artística, que en esta ocasión ha presentado una serie escultórica donde busca analizar el espacio y su fragmentación.
ENTREVISTA
ENTREVISTA ALBERTO PERAL
CULTURA DEL ARTE / 2018
RODRIGO CARREÑO: Esta exposición que presentas hoy en la Galería Art Nueve de Murcia con el título “Calambur” es un proyecto específico para este espacio. Es tu primera muestra en la Galería y en Murcia. Es un espacio nuevo, inaugurado hace unos meses. ¿Cómo ha sido trabajar con un proyecto específico para este espacio?
ALBERTO PERAL: en un principio Mª Ángeles vio mi exposición en Barcelona (“Mitad”, Ana Mas Projects. 2017) y empezamos a hablar de hacer una exposición aquí. Poco a poco fuimos pensando en eso, además de que a mí me apetecía hacer algo específico. En un principio pensamos en hacer una serie de piezas específicas para el lugar pero al final me fui calentado y salió algo pensado. Más que pensado para el espacio, que yo no lo conocía más allá de los planos y alguna fotografía, es un proyecto pensado en todo su conjunto. La exposición tiene como punto de partida la forma del cilindro del cual se van desgajando todos estos elementos que en el texto hablo que son fragmentos de un cilindro gigante. En vez del escultor cogiendo barro para hacer sus piezas, yo cojo una forma y la voy ensamblando. Ese es el eje fundamental de la exposición. Y a partir de ahí, voy colocando elementos que se mezclan con mi gusto por jugar con el espacio y con lo bidimensional y lo tridimensional, como la pieza del espejo.
R.C: Pasando a hablar íntegramente de tu obra, durante tu carrera has trabajado con fotografía, dibujo, incluso con soporte video gráfico, pero sobre todo escultura. ¿Por qué has elegido la escultura para este proyecto?
A.P: yo soy escultor, pero no tanto en la idea de trabajar la materia sino que mi cabeza está continuamente pensando en los elementos. Yo vengo de una tradición objetual de los años 80 de representar físicamente las cosas. Cuando he hecho video o fotografía siempre ha tenido que ver con esa experiencia previa tridimensional. Por eso siempre juego con la bidimensionalidad y la tridimensionalidad. He probado otros medios pero siempre para experimentar y acabar volviendo no al objeto sino a lo tridimensional y a lo físico.
R.C: Llenas el espacio expositivo con fragmentos escultóricos que parecen haber salido de la misma pieza, pero que una vez individualizados, buscan su propio significado y obtener una identidad propia. Juegas con la separación, la fractura y con la búsqueda de lo perdido. ¿Existe una verdadera unión entre las piezas o es cosa del espectador el llevar a cabo ese intento de unificación?
A.P: a mí me gustaría pensar que sí. Quizás no es una cosa que viene como un flash directo, pero yo creo que el espectador si piensa eso. Además yo soy muy fan de poder conseguir con lo que tú haces la máxima información. Me gustaría que todo eso que cuento, el visitante pueda intuirlo sin necesidad de un apoyo. Y yo creo que la gente se tiene que preguntar sobre lo que ve, que siempre es la misma forma. Me gusta poder conseguir múltiples variables pero que se mantenga la estructura de las piezas. Yo espero que se refleje. Seguro que siempre puedes ayudar cuando hablas y lo defines. También está en el texto de la exposición, pero es un texto para dar una pequeña pista.
R.C: Son obras sencillas, aparentemente sin carga emocional ni física pero que presentan un gran potencial simbólico. Se trata de un encuentro poético entre las formas esenciales de belleza y la simbología que integran. ¿Cómo entiendes estas relaciones entre lo bello, lo simbólico y lo esencial?
A.P: la idea de lo bello en nuestra cabeza tiene que ver con una simbología que te llama la atención. En todos los elementos, que son cortes muy simples en su formalización, yo veo mucha reminiscencia de las ventanas árabe, la simbología mozárabe, la idea de puerta, de cerradura, el agujero… Son elementos casi universales pero que a la vez tienen esa forma, dada mediante el corte, que crea otra idea. La idea básica del mozárabe o incluso la cruz, que significa la horizontalidad y la verticalidad. Todos esos elementos que están ahí presentes y que antes de tener el peso histórico esos símbolos eran elementos esenciales que vienen de más atrás. Son formas muy simples que remiten a lo humano, a la forma humana, etc.
Esta exposición, al igual que la anterior, tiene una relación con los cementerios. Yo soy muy fan de los cementerios. A mí la representación de lo humano en la piedra y la representación de lo que ha sido cuerpo me parece fascinante. Se han hecho cosas horribles también, pero hay otros cementerios como los irlandeses o los de Turquía donde puedes ver esas formas esenciales como arcos o hasta simples piedras. Estas cosas me fascinan.
R.C: Por otro lado parece que esa búsqueda de la identidad de la que hablábamos antes se produce por medio del espacio, mediante las relaciones. En muchos casos incluyes otros elementos como un espejo, con el que se gana profundidad espacial, o, en una de las piezas, un agujero en la pared. ¿Qué importancia presenta el espacio en tu obra?
A.P: al hacer pequeñas intervenciones en el espacio, al igual que cuando trabajo con las fotografías que arranco un poco la piel, utilizo el espacio pensando que es materia. Es un elemento más que puedes intervenir. Cuando intervienes el espacio consigues darle al lugar un significado orgánico, la idea de que el espacio es modificable y moldeable. Con ese pequeño ejercicio integras el espacio en las piezas. Yo quiero escaparme de la idea de la escultura sobre peana separada del espacio y quiero que la escultura se integre y sea un todo.
R.C: En relación con el espacio, en la galería se distribuyen diferentes obras de pequeñas dimensiones. Sin embargo esa potencia simbólica y las relaciones entre los diferentes elementos hacen el resto para que el espacio expositivo se complete. ¿Qué importancia le das al espacio expositivo, más allá de las obras? Ese espacio entre las obras, el espacio que atrae al espectador y donde las relaciones crean diálogos.
A.P: yo estoy muy interesado en eso. A mí me atrae mucho como coloco las piezas para que las complete el espectador. Cómo decido la altura en función de cómo se ve y cómo los ojos del espectador lo ven, si es una pieza de suelo soy consciente de la mirada y de que hay que agacharse. Hay unos ejercicios, cuando coloco algo en el suelo no estoy obligando pero hay intención. Hay intencionalidad de crear un recorrido. Me gusta mucho la idea de que tú tengas una visión de conjunto y después vayas fijándote individualmente, me sale innato. Tiene que ver con esa idea de que es un todo y se fragmenta.
R.C: Como hemos comentado, las esculturas aparentemente sencillas se cargan de complejidad mediante las formas y los colores. En este caso, colores naturales de la piedra, pero en otros casos sí impregnas capas de color. Color y geometría. ¿Por qué la ausencia de color en esta serie?
A.P: en este caso la idea del color está totalmente desaparecida. Es una construcción de una línea y he querido que solamente sea la forma y el material lo que enmarque. ¿Qué ha pasado otras veces en las que el color ha sido importante? Sobre todo después de un viaje que realicé a Sudamérica estuve mucho tiempo trabajando con el color. Hay una pieza que expuse en la galería Helga de Alvear en 2002 que era una montaña de bolas de colores. En ese caso quería conseguir que el color fuese materialidad. Me gustaba mucho, pero en este momento estoy como más austero aunque es algo que puedo volver a retomar.
R.C: ¿Hay algún tipo de relación entre el color y la geometría? ¿Piensas que el color puede restar importancia a las formas?
A.P: son dos elementos primarios con los que empezar. Igual que yo he elegido aquí el cilindro y la forma del corte, la geometría y el color son puntos de partida muy básicos. A mí me gustaba por ejemplo llegar al color rojo, ¿qué es el rojo? Se trata de conceptualizar el color. Y con la geometría trabajo siempre con los elementos como el huevo, el triángulo, las formas ovaladas… que son formas primarias y sobre las que se pueden componer. Me gustan las formas que sientan unas bases fuertes, que son puntos de partida. Ahora mismo tengo el color algo abandonado, pero me sigue interesando.
R.C: Trabajas la escultura con gran minuciosidad. Son esculturas realizadas con materiales pesados pero con una gran sensibilidad. ¿Qué materiales sueles utilizar y cuál es tu forma de trabajarlos?
A.P: en este caso el material es el mármol. Me gusta el tema de la fisicidad y esta sensación de que a la vez es un color pero también es como piel. Me atrae mucho también la sensación de pasado que evoca el material. Por eso me gustan los materiales en crudo. Cuando he trabajado el color era cerámica, porque la cerámica y el color están relacionados. No pintas algo, no das una capa sino que forma parte. Eso me gustaba mucho.
En este caso no vemos la mano del artista en las obras pero sí en la colocación de la exposición. Me gusta más dejar la huella en la disposición de las obras, en su posición, aunque no estoy cerrado a la huella física sobre la obra. En este caso sí que no es evidente pero depende del momento.
R.C: Para finalizar, se puede decir que formas parte de una generación de artistas que en los años noventa realiza una importante renovación artística en nuestro país. Más de veinte años después, las sociedades han cambiado mucho. ¿Cómo era el ambiente artístico en aquellos años que os impulsó a llevar ese cambio? y ¿Qué cosas consideras que se podrían, o no, cambiar hoy día?
A. P: son dos épocas diferentes. Pero yo creo que no tiene que cambiar ahora nada. Yo reconozco que mis raíces son en esa época en la que, evidentemente, lo digital no existía y todo era muy físico. Yo creo que todavía permanece en mí esa idea de punto de partida artesanal, por llamarlo de alguna manera. Yo creo que en este momento hay un tipo de trabajo diferente o el arte es mental y menos físico. Pero a la vez, curiosamente, hay muchos artistas ahora interesados en volver a lo artesanal. Al final todo es cíclico. Me acuerdo la época en la que la fotografía era muy utilizada, por mí también, y más tarde se dejó de lado. Y tengo mucha curiosidad por ver qué pasa, es interesante.
Ahora tenemos mucha información, yo creo que esa es la característica de este momento. Como sepas filtrarla y hacerla nuestra es el gran reto del momento. Porque hay una cantidad de información desde todos los ámbitos… nosotros teníamos la información de los sentidos y la experiencial, pero ahora también tenemos una información que nos llega sin parar, como una base de datos. Todo eso, todo ese proceso es lo interesante de este momento. Y esa cosa que hemos dicho que puede suceder de ir a contracorriente, porque yo tengo amigos que están haciendo cursos de carpintería y de otros temas. Y te hablo de gente consolidada, no gente que está empezando. La gente quiere volver a tocar y trabajar con las manos… a lo artesano.