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ANTONIO MONTALVO
Me reuní con Antonio Montalvo (Granada, 1982) en el Pabellón Dos de Cuartel de Artillería de Murcia, ya que se encontraba en esta ciudad para la inauguración de su exposición Lo Desnarrado dentro del proyecto Pieza Única. El artista andaluz, Licenciado en Bellas Artes por la universidad de Granada, ha participado en numerosas exposiciones tanto colectivas como individuales por toda España y es uno de los artistas representado por la Galería Espacio Mínimo. Se caracteriza por sus composiciones pictóricas fuertemente cargadas de simbología.
ENTREVISTA
ENTREVISTA ANTONIO MONTALVO
CULTURA DEL ARTE / 2016
Rodrigo Carreño. Antes de entrar en materia, cuéntanos un poco tus inicios, ¿de dónde viene tu amor por la pintura?
Antonio Montalvo. Empecé a pintar gracias a mis padres, que también lo hacen. Eran maestros que pintaban en sus ratos libres y cuando les sobraba un lienzo viejo o pinturas me lo daban y yo lo usaba. Pero recuerdo pintar desde bien pequeño; de hecho, el cuadro más antiguo que conservo es de 1985, tenía tres años. Un retrato de la Bruja Averia. La pintura, para mí, ha sido algo familiar, cotidiano, casi banal, como un juego. Tiene ventajas pero también inconvenientes; la mayoría de los pintores se acercan a la pintura en la facultad y lo hacen bajo unos presupuestos teóricos, conceptuales, metodológicos…y yo no tuve eso, para bien y para mal.
R.C. Hasta ahora, ¿siempre has trabajado con la pintura? ¿No te atrae ninguna otra disciplina?
A.M. Siempre. Incluso me incordiaban las asignaturas de escultura. Ni el dibujo, que es la raíz de la pintura tampoco me ha interesado mucho. He tenido que pasar forzosamente, para cumplir los correspondientes créditos, por fotografía, restauración, grabado y era un trámite para mí, que lo único que quería era hacer pintura.Tampoco me ha atraído otro soporte. Ni expandir la pintura con mural o incorporar la instalación. Solo concibo ese rectángulo, no puedo salir de ahí.
R.C. Me interesa, por un lado, el concepto de bodegón. Esa recuperación de este estilo clásico, perdido durante años y al que le das una renovación. Y, por otro lado, la simbología que aportas a las composiciones renovando de esta formar el estilo sobre el que trabajas. ¿Qué es lo que buscas con esta unión?
A.M. Esa idea de búsqueda es muy débil. La pintura, en mi caso, nunca viene precedida de un plan previo, sino de una intuición. Es un impulso siempre intuitivo. La mayor parte de las obras de los artistas contemporáneos son, en ocasiones, una mera ilustración de su discurso. En mi caso no es así. Es algo intuitivo. A veces me sorprende cuando la gente, con tanta facilidad, me asocia al bodegón o a la naturaleza muerta. Pero es mi manera de entender la pintura, a través de esos presupuestos. Conservo en mi casa cuadros de mi infancia y la inmensa mayoría son bodegones, y en la mayoría ya hay seres muertos (animales, como es obvio). No es algo que se elige, no es una opción. No he decidido acercarme intencionadamente a la naturaleza muerta, es algo que me ha sido dado.
R.C. Hay una gran diferencia estilística entre tus primeras series y aquellas más cercanas en el tiempo. Cuéntanos un poco esa evolución.
A.M. Esas primeras obras venían condicionadas por la técnica, por el lenguaje que empleaba, que gravitaba enormemente sobre la cinta de carrocero. Tan simple como eso. A veces buscaba temas que me permitiesen su uso. Eso me ha condicionado muchísimo; para mí, dejar la cinta de carrocero fue como para otros dejar el tabaco, muy duro. De repente estaba solo en medio de un campo vastísimo y sin saber hacia dónde tirar porque con la utilización de la cinta todo giraba en torno a la tinta plana, con una pintura muy dura… y de repente encontrarme con esa libertad fue raro.
R.C. ¿Pero libertad buscada por ti mismo…?
A.M. Si si, claro. Necesitaba ese cambio para ampliar el repertorio. Me condicionó muchísimo y durante mucho tiempo.R.C. Un vez que se produce esa cambio o ese abandono de la cinta en tu obra comienzas a trabajar como se te conoce hoy día. Tu obra tiene una gran simbología y un gran peso dramático detrás. Juegas con lo escénico y con lo que está pero no se ve a simple vista. ¿Qué buscas con esto en el espectador?
A.M. Me interesan todas las formas de debilidad humana, la contrición, la penitencia, la redención, etc. Aspiro a que en mi trabajo haya una gravidez pesimista, como una morbosidad nostálgica que intenta salir de una cueva oscura y alcanzar la redención a través de una forma muy particular de belleza. Me interesa también esa perpetua sensación de haber caído de cierto estado de gracia, relacionado con la redención. La relación tan compleja que existe entre la belleza y la muerte.
En cuanto a lo que está pero no se ve es lo que, en buena medida, define mi pintura. Está relacionado con lo oculto. Lo que vemos no es la realidad completa sino la evocación de algo que supuestamente va a llegar después y como no llega no va a acumular una sensación de anhelo, de deseo que no llega a consumarse. Por eso a veces es más importante lo que no contamos que lo que contamos. Lo que busco es generar esa sensación.
R.C. Ahora vamos a pasar a hablar del estilo, de tu influencia con el Barroco, tanto en el bodegón como en el vacío, la simbología…. ¿no te importa beber de esa influencia, querer continuar su legado?
A.M. Es que esa es la gran ventaja que tenemos. El pozo inmenso que tenemos, el arte cambia pero no progresa. Picasso no invalida a Velázquez, ni Velázquez invalida a Giotto y este no invalida a Altamira. Por eso lo que me interesa de mi realidad es lo que tiene en común con la de todos los demás, puede ser un murciano del siglo XXI o un argelino del siglo VIII. El material con el que trabajan Goya, Tintoretto y Rothko es el mismo, lidian con los mismos problemas, trabajan con el mismo material: la realidad. Creo que a veces el Arte Contemporáneo peca de amnesia; por ejemplo, cualquier escritor te dirá que la base de su escritura, la base de su vocación, está en la lectura, nadie puede ser escritor si no has leído, pues nosotros tenemos que tirar también de esa fuente, de ese pozo.Las grandes preguntas no han cambiado, la línea es la misma, debemos ir a lo medular y por eso creo que la relación de cualquier arte con su tiempo debe ser casi tangencial. Debe estar ligeramente teñido de contemporaneidad, pero no bañado.
R.C. A parte de tu lado Barroco, también veo en tu obra una parte realista o casi hiperrealista ¿Te definirías como tal?
A.M. No, para nada. De realismo tiene poco, sí se genera la sensación a lo mejor naturalista, pero la técnica y el lenguaje realista e hiperrealista están muy lejos de esto; porque en realidad es ejecutado con muchísima rapidez, con cierta crudeza. Hay naturalismo y es algo que me molesta y que estoy intentando controlar poco a poco, siempre he querido conseguir esta atmósfera naturalista, pero una vez que me he encontrado con las herramientas para poder hacerlo, creo que casi que molesta.
R.C. Has comentado que no consideras tus obras como hiperrealistas, en cambio sí te marcó en gran medida la figura de Antonio López, ¿Qué ha supuesto para ti?
A.M. Antonio López me marcó muchísimo en su momento, la verdad. Tuve la oportunidad de visitarlo por primera vez con 18 años en Madrid y la última vez lo vi pues hace un par de años y siempre se ha portado muy bien conmigo, es un tipo encantador, y como artista defiendo lo que hizo en los 70, encontró una manera de pintar la ciudad contemporánea ¿Cómo se pinta una ciudad? pues como lo ha hecho Antonio López, encontró el lenguaje adecuado para representar una ciudad moderna.
R.C. Ya hemos hablado un poco de las formas, estilo, ideas… no sé si te queda algo por contar o decir.
A.M. Pues sí, sobre el sentido de todo esto, sobre lo que estamos haciendo aquí, grabando una entrevista. Pienso que tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que los códigos de representación visual no tienen nada que ver con lo verbalizable. Que la función del arte en general y de la pintura en particular consiste precisamente en eso, en encontrar herramientas de expresión para lo que no se puede verbalizar. Francis Bacon solía decir que si algo se puede explicar para qué pintarlo, y tenía razón. Yo lucho diariamente por poderme expresarme visualmente, porque si algo se puede explicar para que contarlo.
R.C. Me interesa mucho que nos cuentes algo sobre tu estudio. Me hubiese gustado hacer la entrevista allí. ¿Cómo es el espacio donde trabajas?
A.M. Comparto estudio con mi mujer (Irene Sánchez Moreno) y hasta ahora lo hemos tenido en casa, pero lo hemos sacado por problema de espacio a un estudio en la calle adyacente. Hacía falta ya, eso de trabajar y descansar en el mismo espacio era muy pesado. Pero ahora que nos vamos, tengo cierto miedo porque siempre he pintado en casa, desde los 3 o 4 años. De repente tener que hacerlo en un sitio diseñado o pensado solo para trabajar creo que me va a condicionar mucho. Es que estoy acostumbrado a pintar entre las tareas domésticas o en echarle un último vistazo al cuadro justo antes de ir a dormir o por la mañana antes de desayunar. Todo eso lo pierdo, pero gano otras cosas.
Nuevo estudio de Antonio Montalvo
R.C. Estás en Murcia estos días para llevar a cabo la exposición Lo Desnarrado del proyecto PIEZA ÚNICA, en la cual eres el primer artista en exponer. ¿Cómo surge esta idea de exponer aquí? ¿Qué te parece este tipo de iniciativas, una pequeña sala con una solo obra acompañada de una frase?
A.M. La idea surge a través de Rafael Fuster, amigo desde la facultad. Me dijo que existía la posibilidad de empezar con este nuevo proyecto y me contó que quería empezar conmigo. Y desde el primer momento, contentísimo. Yo pensé la obra para el espacio, sin saber muy bien cómo era y he tenido la suerte de poder terminar una obra que me tiene muy satisfecho. Lo Desnarrado. Obra expuesta en Pieza Única.
R.C. ¿Como ves la cultura en España hoy día? ¿Crees que se está trabajando para apoyar aquellos proyectos que buscan crear un tejido común para, a partir de ahí, trabajar todos juntos? O, por el contrario, ¿piensas que se apoya más aquello que se desarrolla en grandes instituciones?
A.M. Pues mal, goza de muy mala salud. Hay mil artistas, muchos buenísimos con un nivel que ya quisieran otros países, pero el coleccionismo, por desgracia, en España es prácticamente inexistente. Parece que se está ganando un poco de terreno últimamente pero el problema es que no se gestionó bien la época de bonanza. Había muchísimo dinero pero no se creó un tejido que aguantase lo que ha venido después. Estamos a medio camino entre Europa y América y no terminamos de definirnos.Las cosas se hacen de manera muy precaria y sin el apoyo que podrían y deberían tener. Granada, con lo que ha sido, a día de hoy está en condiciones de envidiar lo que pasa en Murcia, es así. Tenéis una vitalidad que podríamos envidiar. Allí tenemos el Centro José Guerrero, un oasis, que hace milagros con un presupuesto raquítico y poco más. Aun así no dejan de salir artistas de primer nivel que ocuparían los circuitos internacionales si hubieran nacido en otro país.
R.C. Para finalizar, y como hago con el resto de entrevistas, una palabra que defina tu obra y 3 obras claves para ti de la Historia del Arte.
A.M. Como la pregunta va enfocada a lo personal te voy a hablar de una que a lo mejor no has visto. Se trata de la Virgen de la Rosa, de Gerard David. La Virgen con el niño en el regazo y sosteniendo una flor. Un cuadro impresionante que este cuadro está en la Abadía de Sacromonte. Todavía me recuerdo de pequeño anotando el nombre del autor. Otra obra sería las Meninas, de niño hice también varias copias. Velázquez ha sido capital para mí. Lo tiene todo, no solo es el mejor pintor sino que técnica y conceptualmente llegó a unas conclusiones únicas en su época. Por si eso fuera poco lo más interesante es su mirada, su amor por el hombre, salva todo lo que toca. Y un tercero sería de Rembrandt. Una palabra… es muy difícil. Además tiene mucho peso, te voy a decir una y mañana te puedo decir otra. Nunca lo he pensado. Dime tú la tuya.
R.C. Redención. Es lo que me sugiere.
A.M. Buena palabra. Una frase si podría, pero una palabra… Vamos a dejar redención, por ahora.