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RAINER SPLITT

Rainer Splitt (Celle, 1963) visita Murcia con motivo de una doble inauguración. Por un lado, `Color in flux´ en la galería murciana Art Nueve y, por otro, `Chromotopía´ en la Sala Verónicas. A continuación, os dejo la conversación que pude tener con el artista alemán sobre las exposiciones y su forma de trabajar.

ENTREVISTA

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ENTREVISTA RAINER SPLITT

CULTURA DEL ARTE / 2020

R.C: Tu última exposición en Murcia fue en la Galería Art Nueve en el año 2016. Ahora vuelves con la exposición `Color in flux´ ¿Cómo crees que ha evolucionado tu obra durante estos cuatro años?

R.S: En esta exposición presento una nueva parte de mi trabajo, los `pourings on board´. Me centro en el trabajo que ejerce la gravedad sobre la pintura, que la entiendo como una forma de interactuar entre el líquido y la escultura. Presento una nueva serie en la que para llevar a cabo estos vertidos coloco el soporte de manera horizontal para realizar el vertido. Al final, es el mismo mecanismo que uso para realizar los vertidos en el suelo. Una vez he realizado el vertido, éste se coloca de manera vertical para que la gravedad haga su trabajo y el color se deslice hacia abajo. La tensión que ofrece la superficie en la que he realizado el vertido es la que, junto con la acción de la gravedad, da forma a la composición. Las formas que vemos en `pourings on board´ son el resultado de esta acción. De esta manera, se crean las formas que podemos observar en esta serie de obras. Dentro de mi trabajo, la forma es algo principal en todas las obras, es la parte en la que la pintura fluida y la naturaleza autónoma de la escultura interactúan para expandirse.

R.C: En primer lugar, me gustaría hablar de tu obra desde un punto de teórico. Es cierto que muchos críticos relacionan tu obra con el minimalismo americano. ¿Hasta qué punto sientes que tu obra se acerca a este movimiento?

R.S: Me siento familiarizado con esta corriente, principalmente con su aspecto más conceptual, pero mi trabajo es bastante diferente. En las corrientes de arte conceptual de los años 60 y 70 primaba el concepto sobre la imagen o el contenido de la obra, mientras que en mi pintura importa más el color y la experimentación. Mi obra es algo más impredecible. El arte conceptual puede ser más o menos predecible o darnos pista sobre cómo va a ser el resultado final de la obra, mientras que en mi obra no es de esta manera. Por ejemplo, algunos artistas como Jackson Pollock hacían vertidos, pero de una manera más a lo bestia, creando una obra con tintes expresivos. En lugar de eso, en mi obra utilizo el vertido de una forma más tranquila, me tomo mi tiempo para verter lentamente y experimentar con el vertido.

R.C: A lo largo de los años, has ido cambiando tu forma de trabajar. En 1988 trabajas con objetos tridimensionales y es en 1990 cuando comienzas con las pinturas vertidas, quizá la parte más característica de tu trabajo. ¿Qué te llevó a trabajar de esta nueva forma, creando esas manchas de color que derramas sobre una superficie?

R.S: Mi intención era darle a la pintura un nuevo significado, estaba aburrido y no le encontraba sentido. Estaba en un estado de negación en el que no quería ni tocar una brocha y quería borrar todo lo que había hecho anteriormente. Necesitaba hacer de la pintura algo simple. Cuando realicé mi primer ‘pouring’ todo cobró sentido para mí. Tuve una especie de epifanía y sentí que debía seguir trabajando y experimentando con esto. Sentí que la pintura debía estar en el suelo, ya que es una forma orgánica y natural, como si se tratase de un charco de barro que te puedes encontrar en la calle. Al final, todo proviene de la idea de negación que tenía en un principio que me hizo darme cuenta de que amaba el color, pero a la vez también lo mataría. Para mí todo es un juego ambiguo, estar presente y no estar a la vez.

R.C: Estas pinturas vertidas de las que hablamos, se pueden entender casi como unas esculturas pintadas. Son elementos estáticos, que presentan gravedad pero que a su vez aparentan estar en estado líquido. Son objetos que llevan al espectador a adentrarse en tu obra, a preguntarse sobre el material, el color, los reflejos… ¿Consideras que al alejarte de la figuración creas más interés en el espectador?
R.S: Estoy interesado en ver y descubrir cosas nuevas. Básicamente lo que a mi más feliz me hace es que el espectador descubra cosas nuevas en mis exposiciones y que se vea reflejado en mi obra. Que se cree una interacción entre el espectador y la obra. Así, el espectador pasa a formar parte de la obra en sí. La parte más interesante es cuando el espectador ve estas pinturas-esculturas y pasa a formar parte de estas a través de su reflejo. Es un cambio de sujeto a objeto. Mi intención es que estos fenómenos que provocan mis piezas hagan que el espectador se pregunte cosas sobre la materia, sobre el espacio o sobre sí mismos. Esto es lo que me hace feliz.

R.C: Estas piezas se colocan sobre el suelo y tiene gran impacto sobre el espacio expositivo, lo expanden. En un primer momento puede parecer que es algo dejado al azar, que el proceso de vertido no presenta ningún tipo de estudio. Pero esto no es así, ya que realizas una importante investigación sobre las cualidades del líquido, su potencial para extenderse, el proceso de secado… ¿Puedes contarnos un poco como llevas a cabo el proceso previo de creación de estas pinturas vertidas?

R.S: Lo consigo básicamente a través de ensayo y error. Como he comentado antes, a través de realizar mi primer vertido me di cuenta de cómo debía realizarlo. Después, con el tiempo, conforme he continuado haciendo estos vertidos he podido ver las características que tenían. La experiencia es la madre de la inocencia. Pude descubrir que el ‘pouring’ tiene una textura pétrea y consigue crear un reflejo. De esta manera, no solo importa el material si no también el ambiente. Pero nos encontramos con el problema de presencia y ausencia al mismo tiempo ¿Cómo pueden estar el color y la materia presentes? El resultado es siempre muy preciso, pero casi imposible de predecir. Por ello, mi método es a partir del ensayo y error. Mi investigación no es otra que los años de experiencia trabajando con este material.

R.C: Además de la experiencia que has hecho referencia, debe ser importante la relación con el espacio y con la materia de la sala, el color, la luz, etc. ¿Tienes en cuenta también estos elementos ajenos a la obra de arte a la hora de llevar a cabo la creación?

R.S: Antes de elegir los materiales tengo que saber qué color usar, pero se trata de una elección irracional. Pero para mí no se trata de una decisión calculada y específica, yo me guío por mis sentimientos y por lo que me transmiten. De esta manera, elijo un color, pero sin tener en cuenta la iluminación, la sala… Por ejemplo, en la exposición de la Sala Verónicas `Chromotopía´ he elegido el color negro, pero porque me recuerda mucho a la pintura clásica y porque el negro es el color que más refleja la luz. Es una elección que sale del corazón.

R.C: Este tipo de obra, los vertidos, presenta una relación muy especial con el espacio. Son esculturas pintadas que sacas de la pared para colocarlas en el suelo, otorgándole a éste una nueva concepción ya que además de continuar siendo un soporte para las obras se transforma en el fondo de estas. El suelo, se convierte en un espejo reflectante del espacio expositivo. El suelo forma parte de la obra de arte, convirtiendo a la sala en una obra completa.

R.S: ¡Sí, así es! Me interesa mucho la arquitectura local, especialmente aquí en Murcia. Por ejemplo, en la Sala Verónicas, que es un sitio con una arquitectura privilegiada y los techos muy altos, la gente está acostumbrada a mirar hacia arriba para ver la arquitectura. Pero lo que yo propongo con el vertido negro es que, al mirar a mi obra, también puedan estar mirando el techo o el cielo. Esto es sublime. Esto es maravilloso porque además cuando la gente va y lo descubre, le encanta. Descubren precisamente que simplemente mirando al vertido o mirando mí obra van a ver reflejada toda la arquitectura y todo lo demás. Con mi obra lo tienes todo a la vez mirando a un solo sitio. Me encanta que la gente se dé cuenta de esto cuando entran en mis exposiciones.

R.C: Por otro lado, presentas otro tipo de composiciones que son los `paperpools´. En este caso, sobre papel generas unas manchas de color que consiguen generar un juego de luz. La obra parece no tener límites, rompes los códigos establecidos de los lienzos y llevas el espacio pictórico al extremo. La obra pasa a extenderse por toda la pared y se relaciona con el resto de las composiciones. ¿Por qué buscas este tipo de efecto?

R.S: Yo lo veo todo como una narrativa. Lo especial de los `paperpools´ es que yo construyo la estructura, la caja, y luego echo el vertido. De esta manera la pintura se derrama y se crean esas formas realmente de manera aleatoria ya que el vertido tiene que caer por algún lado. Al final tienes un dibujo. Es una escultura que se transforma en dibujo.
Para mí, todo se representa como una lectura, como si se estuviera contando una historia. Es por esto por lo que el espectador se pregunta “¿estoy viendo una pintura o una narrativa?” Puedes leer el conjunto de obras como un texto, ya sea hacia delante o hacia atrás, y descubrir una historia. No hay misterios en todo esto. Todo es obvio y a la vez misterioso. Simple y a la vez maravilloso. Y no hay muchas cosas obvias y misteriosas a la vez.

R.C: En tus exposiciones, el espacio se expande gracias al reflejo de tus esculturas pintadas y a las formas infinitas de los ´paperpools`. ¿Cómo crees que actúa el espectador ante tus obras con la cantidad de juegos simbólicos que estás presentan?

R.S: Para mí simplemente se trata de crear la pintura y de que la pintura esté presente. Me llama mucho la atención que la gente que se lleva mis obras muchas veces las llega a tratar como si fueran personas elevando la categoría de la pieza de arte. Lo digo, porque algunas veces la gente que ha comprado mis obras las trata como personas, las elevan de la categoría de objeto y eso siempre me ha parecido un cumplido, aunque a veces signifique que se ven un poco superados por la presencia de mi obra. La gente dice a veces que puede ver historias detrás de mis obras, pero realmente se trata de la misma historia del ser y el estar.

R.C: Lo que si consigues en tu obra es una acertada relación entre las formas y los volúmenes con el color. ¿Cómo logras esta armonía?

R. S: En inglés existen dos palabras para definir el color y la pintura y en alemán solo una palabra define a los dos. Lo que yo pretendo reflejar en mis obras es esto, que el color y la pintura sean una misma cosa y así da igual el color que utilices porque se le puede dar cualquier forma. Se trata del material y de nuestra percepción de las cosas. Lo importante es el material y cómo se comporta. Creo asociaciones en mi mente a la hora de trabajar con ciertos colores, por ejemplo, el rojo me sirve para un vertido en el suelo, pero no me gusta para otro tipo de obra, mientras que con el azul me ocurre al contrario. Realmente no puedo responder a esta pregunta porque es un tema muy abstracto y complejo.

R.C: Estos días estás en Murcia por dos exposiciones. Por un lado, la exposición de la galería Art Nueve `Color in flux´, de la que ya hemos hablado, y, por otro, la exposición `Chromotopía´ en la Sala Verónicas. En esta última parte de tu obra “líquida” ocupa la planta de la iglesia, generando un juego de reflejos con la arquitectura del edificio. El espacio, ya de por sí imponente, se amplía aún más. ¿Cómo ha sido trabajar en un lugar tan singular como este?

R.S: Nunca he hecho una exposición en una iglesia, es una situación especial para mí. Me planteo la misma cuestión de ausencia y presencia a la vez. En este caso es una manera de lidiar con la tradición religiosa y pedir al espectador que mire hacia abajo y sea capaz de descubrir cómo es. Busco que el espectador se centre en la persona, en sí mismo, y en vez de mirar al cielo sea capaz de mirar hacia abajo y con el reflejo de mi obra pueda verse a sí mismo. En el altar hay unas cajas con ‘pourings’ de colores que interactúan con el mensaje sacro del altar, pero a la vez es una negación hacia el mismo. Además, me interesa también la cuestión del estar presente, las cosas que son y no son a la vez. Todo esto viene de nuevo de mi negación ante las cosas.

R.C: Esta impresión que consigues en la Sala Verónicas, se encuentra cercana al concepto de lo sublime de Kant, esa sensación de grandiosidad que supera al espectador. En tu caso, ¿en algún momento has tenido el temor de que el espacio superara a tu obra?

R.S: Para mí la pieza y el espacio se entrelazan entre sí. La pieza enriquece al ambiente y eso, para mí, es un halago. Porque, ¿qué más podría soñar un artista? Vivimos una vida delimitada por un número de años y al final te mueres y ¿qué queda?, ¿qué hiciste?, ¿cambiaste algo con tu existencia? Aunque no se pueda cambiar el mundo, es posible cambiar un poco a la gente, cómo ven las cosas, cómo se portan con los demás… Eso para mí ya es algo de lo que sentirse orgulloso. Siento que con mi arte estoy consiguiendo despertar la curiosidad de algunas personas y hacerlas ver las cosas desde otra perspectiva.

R.C: Por último, y dadas las circunstancias, me gustaría saber cómo crees que puede afectar, o está afectado ya, un problema mundial como es la pandemia de la Covid a la cultura y en especial al arte, a las exposiciones, al mercado, etc.

R.S: Todos nos hemos visto afectados por algo. Está siendo difícil para todos, incluso para mí, aunque entiendo que estoy en una posición privilegiada. De todo esto, hay que separar el cambio económico, la crisis económica, del cambio en la forma de pensar. Hablando desde mi propia experiencia, me he propuesto concentrarme en las cosas que de verdad importan porque es lo esencial. Y si algo bueno ha traído esta pandemia del coronavirus es que la gente se preocupe más por las cosas realmente importantes y deje de lado las prescindibles.