comisariado
THE FLOWERS ARE BURNING
THE FLOWERS ARE BURNING
Centro Párraga – Sala de Máquinas
Del 2 al 30 de julio de 2026
2026
Marc Mateos Monteagudo
Comisario: Rodrigo Carreño Rio
Del mismo modo que los daguerrotipos y calotipos definieron los primeros momentos de la fotografía, los nemotipos, término propuesto por Joan Fontcuberta, designan una nueva categoría de imágenes generadas mediante inteligencia artificial. Con este nuevo término se busca dar nombre a esas imágenes producidas por sistemas algorítmicos a partir de enormes bases de datos y que crean realidades posibles pero sin necesidad de recrear el mundo real. Si la fotografía tradicional mantenía un vínculo con la realidad al capturar un momento específico de nuestra vida estas nuevas imágenes se alejan de esa condición.
En la obra La fotografía: un arte intermedio de Pierre Bourdieu, se destaca, entre otras situaciones, como la fotografía se usa para recordar o señalar cosas importantes de la vida. Esto contrasta con la idea actual de los nemotipos, imágenes que no son reales y, por tanto, ya no documentan un instante vivido. Al contrario que la fotografía tradicional, éstos se basan en datos e información de la Red para generar infinitas imágenes nuevas que parecen recuerdos o testimonios reales, pero, en realidad, no recuerdan nada ni han sido testigos de ningún acontecimiento.
Con la llegada de la cultura digital no solo cambia la concepción de las imágenes. Ahora, el emisor se transforma en editor. El sujeto digital no produce directamente la imagen sino que se convierte en un creador de probabilidades. Estamos por tanto ante un cambio en la estructura de la fotografía en la que el sujeto no utiliza la cámara para detener un instante real sino que se encarga de dirigir un sistema algorítmico entrenado para generar la imagen. Y en esa relación, es el promt el elemento clave.
Atendiendo a esa relación entre sujeto y máquina y la concepción de las nuevas imágenes en la cultura digital a través del prompt, el proyecto de Marc Mateos Monteagudo aborda la transformación de la imagen en la era de la inteligencia artificial como una de las cuestiones más relevantes de la cultura digital. Las imágenes, generadas por inteligencia artificial, imitan la forma afectiva del recuerdo pero no poseen pasado propio ni posibilidad de futuro. Son imágenes sin biografía y sin alma.
La propuesta se articula a través de dos conjuntos de imágenes conectados entre sí. Por un lado, nemotipos que evocan álbumes familiares, archivos personales y escenas cotidianas que parecen rescatadas de un pasado común y, por otro, flores generadas mediante inteligencia artificial. Son imágenes que parecen contener una historia, un vínculo afectivo o una experiencia pero que en realidad nunca han sucedido ni son reales. Funcionan como recuerdos o fragmentos de una memoria colectiva sin origen concreto pero que son capaces de activar emociones reales al espectador.
El montaje expositivo se intensifica además, por una parte, con los prompt utilizados por el artista como nuevo lenguaje usado para comunicarnos con las máquinas y, por otra, con una instalación escultórica de ramos real y flores flor encapsuladas en parafina con un baño de cáscara cerámica. Frente a las imágenes artificiales, estos objetos escultóricos sí conservan el rastro de una existencia material. Han vivido un tiempo propio, han crecido, se han marchitado y posteriormente han sido transformados mediante un proceso escultórico que intenta preservar aquello que inevitablemente desaparece. The Flowers Are Burning confronta imágenes que simulan una memoria vivida con objetos que conservan la huella de una experiencia real.
La presencia de motivos florales establece una continuidad visual y conceptual en torno a los diferentes elementos que conforman la exposición. La flor se convierte en uno de los elementos centrales del proyecto al actuar como nexo entre las imágenes, el texto y las esculturas. A lo largo de la historia, la flor ha funcionado como una de las iconografías más persistentes de la cultura ya que puede contener un gesto afectivo, una despedida, una ofrenda o un duelo. Sin embargo, las flores generadas mediante inteligencia artificial carecen de esa cualidad y, aunque reproducen con precisión su apariencia y activan toda la carga simbólica, son imágenes sintéticas producidas por algoritmos.
Desde esta tensión entre lo real y lo simulado, entre la poética asociada a la flor y la frialdad de la inteligencia artificial, Mateos Monteagudo investiga si las imágenes contemporáneas son capaces de producir emoción, nostalgia y reconocimiento incluso cuando carecen de una historia real que las sostenga. De esta manera, analiza cómo la inteligencia artificial transforma la concepción de la imagen desplazándola de su función como dispositivo de registro y memoria hacia una lógica basada en la simulación, la generación sintética y la circulación continua de datos.
En una época dominada por la producción masiva de imágenes, el recuerdo ya no depende necesariamente de lo vivido. Los nemotipos son capaces de generar recuerdo y reconocimiento sin necesidad de haber formado parte de ningún acontecimiento real. Entre la memoria material de los objetos y la memoria simulada de los nemotipos se abre un espacio de incertidumbre en el que el jóven artista murciano invita a cuestionar qué significa recordar cuando las imágenes ya no necesitan haber existido para parecer verdaderas.
– Instalación. Imágenes YA impresas sobre papel fotográfico y prompt sobre papel. Medias variables, 2026.
– Instalación audiovisual multicanal. 6 Vídeos IA, duración variable, 2026.
– `The flowers are burning´. Fotografía IA impresa sobre papel fotográfico. 130x245m, 2026.
– S/T. Vídeo IA, 2026. 2 minutos.
– S/T. Escultura (molde de fundición), flor encapsulada en parafina y baño de cáscara cerámica, 2026.
– S/T. Escultura 3D con resina, 2026.
– S/T. Ramo de tulipanes con eucalipto, 2026.
*Fotografías realizadas por Batalla